Jesús

«Valoro la vida porque veo
un antes y un después. «

Nombre

Jesús A. Enciso

Edad

23 años

Padecimiento

Insuficiencia renal por hipoclasia bilateral

Estado

Postrasplante renal

Mi diagnóstico

Yo pensé que estaba enfermo, pero que era normal, una gripe, una infección, vaya. Porque yo un día estaba trabajando y estaba lloviendo. Pero yo veía que los mismos síntomas seguían, y hasta empeoraban con el tiempo: vómito, diarrea, fiebre, fatiga. Entonces fui al médico particular y pues me mandaron a hacer una médica sanguínea y una muestra de orina. Y ahí fue cuando me diagnosticaron insuficiencia renal, o sea que mis riñones ya no estaban trabajando. Por hipoclasia bilateral, que es que el órgano ya no crece, se va secando, vaya.

Ya estaba muy avanzado. Yo nunca me di cuenta porque a mí los riñones nunca me dolieron. Me adelgacé mucho. Yo pesaba 85 kilos y en medio año llegué a pesar 49 kilos. Fue muy deprimente para mí, un cambio muy radical, la verdad. Porque yo antes no estaba acostumbrado ni a ver médicos, ni medicamentos. Fue muy drástico porque me volví dependiente de los demás cuando yo ya era autosuficiente. No me daba hambre, se me caía el cabello, veía borroso.

Yo nunca me di cuenta porque a mí los riñones nunca me dolieron.

Mi tratamiento

El tratamiento es un poco difícil pero no imposible. O sea, es un nuevo estilo de vida al que uno se tiene que acostumbrar. Yo pasé por diálisis peritoneal y por hemodiálisis. Es estar dependiendo de las máquinas. Para la diálisis peritonial lo que yo tuve fue la manual y una máquina que limpiaba mi organismo por las noches. Con esa máquina, pues entre comillas puede uno hacer su vida porque sigue dependiendo de medicamentos. Y cuando es manual está uno todo encerrado, todo el día en la casa, dializándose y dializándose. Tiene que estar mucho de cuidados, tiene que alejarse de la suciedad, de los animales. No puede rehacer uno su vida. Se necesita de mucho coraje, o como se le pueda decir. Porque sí, en realidad, es muy difícil. Y con hemodiálisis hay que viajar desde muy lejos para irse a conectar tres horas porque no cualquiera aquí tiene una máquina. O sea, es como otro riñón, pero es muy difícil conseguir el tratamiento y muy caro, más que nada. Pero sí, estando en hemodiálisis, ya uno no depende de medicamentos. Yo dejé lo que fueron las pastillas. Dejé la eritropoyetina, dejé muchas medicinas que estaba tomando como complejo B, ácido fólico, calcitriol, vitaminas y minerales, antihipertensivos.

A uno ya no lo quieren asegurar por lo de la enfermedad, ya el seguro como que nos descarta. Porque son medicamentos igual algo caro y no los quieren dar. Entonces uno tiene que ahorrar para comprarlas o se las tienen que ingeniar, en redes sociales buscar quién las dé en donación. No se pueden abandonar porque uno recae y la recaída es muy fuerte. Se adelgaza uno, baja la hemoglobina. Y no es bueno hacer transfusión de sangre porque crecen lo que son los anticuerpos y ese es un punto muy malo porque a uno lo descartan para un trasplante más adelante.

Desde un principio, desde que yo me enfermé, todos me quisieron donar. Mi familia en ese sentido me ayudó bastante. A mis hermanos la ley y mi mamá no se los permitieron, ya que son menores de edad. Igual mi papá estaba descartado porque sufre de diabetes. La que me donó fue mi madre. Tardamos año y medio en terminar el protocolo de Cardiología. Soy su hijo, y pues obviamente me quiere como yo quiero a mi mamá. A ella igual no le gustó el verme sufrir en la enfermedad porque yo tenía mucha depresión, mucho coraje con la vida. Entonces pues agradezco la oportunidad que me dio mi mamá de seguir viviendo.

Desde un principio, desde que yo me enfermé, todos me quisieron donar.

Mi trasplante

Ahora con el trasplante me siento muy feliz, ni yo mismo me la creo. Porque ya no dependo de máquinas para seguir viviendo. Yo cada vez que voy al baño y veo orinar, me da mucha alegría porque yo ya no orinaba nada. Me siento otra vez con vida, vaya. Yo antes tomaba agua, porque me daba sed y me iba hinchando, me ponía malo, me costaba dificultad respirar, casi casi dormía sentado porque el agua se me subía a los pulmones. Todo eso cambió. Ya duermo, ya como bien, ya no veo borroso, peso 63 kilos. Quiero regresar a lo de hace tres años. Estaba terminando la preparatoria abierta y estaba estudiando turismo con gastronomía porque me gusta mucho la cocina. Es lo que más quiero, regresar a rehacer mi vida, o sea, a ser un hombre productivo, vaya. Y, obviamente, así como me ayudó mi mamá, también pienso ayudarla y no dejarla. No voy a terminar de agradecerle lo que hizo por mí, nunca me abandona.

La enfermedad fue un cambio a la vez positivo para mí. Porque yo antes, aunque estaba sano, era muy negativo. Yo no aceptaba ayuda de los demás, o sea, todo lo quería hacer solo. Y pues sí, ahorita que me enfermé aprendí a valorar más la vida, a valorar más a mi familia y a mis amigos. ¿Por qué? Porque realmente ves quién está contigo y quién no. O sea, sí me llegó una enfermedad, muy difícil para mí, pero pues más que nada aprendí a valorar la vida porque veo un antes y un después. Agradezco esta segunda oportunidad de vida que se me está dando de nuevo.

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Jesús logró su trasplante
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